En una época en que no existían las redes sociales para pelear con la gente que le pone limón a la palta, o para darse cuenta que ya son las 12 y estuviste 3 horas viendo memes, la forma que teníamos de entretenernos era distinta; nos gustaba coleccionar porquerías. Hoy solo coleccionamos likes, favs, RTs y otras formas de aprobación de gente que no conocemos. Lo que igual está bien. No tiene nada de malo juntar corazones bajo tus selfies, así que no vamos a ser el tío que te reta porque estás pegade a la tonterita, porque nosotros también estamos y esa es la realidad ¡viva con eso Tío Omar, no quiero escuchar más que tengo que ahorrar y comprarme una casa!

Hay una delgada línea entre ser coleccionista y tener el mal de Diógenes, hay gente por ejemplo que colecciona botellas vacías de licor y es como “compadre, esa botella de Jack Daniels no es un adorno aceptable para tu hogar”, pero quién es uno para dar clases de estética ¿uno de los Fab 5 de Queer Eye? Can you believe?

Así que nuevamente poniéndonos nostálgicos por los tiempos que fueron, vamos a repasar una lista con algunas de las cosas que coleccionamos cuando éramos chicos y chicas y chiques, y aunque insignificantes, significaban el mundo para nosotros. (Fun fact: una vez junté volantes de Launol y me los robaba de una Farmacia)

ESQUELAS

¿Juntaste esquelas alguna vez? ¿Por qué eran tan una locura? La mayoría de las cosas que uno podía coleccionar cuando chico eran cosas gratis, o que venían gratis en otras cosas como las cucharitas fosforescentes con forma de camión en los paquetes de flan. Las esquelas llegaron a mi vida porque mi hermana las coleccionaba y mi papá le había confeccionado un esquelario de cuero donde no solo guardaba sus esquelas, también tenía stickers de Sailor Moon. En esa época todo era muy 90’s, y tanto las esquelas como Sailor Moon podían ser apreciados sólo por las niñas. Así que partí coleccionado esquelas de “niño”, onda eran de personajes de Disney como Hércules, recuerdo con mucho cariño ese en particular. Lo bacán de las esquelas es que te comprabas un esquelario y podías intercambiar las hojitas con otras personas que tenían esquelas en los recreos. Un hobbie sano, económico, pero no exento de las garras del patriarcado como todas las cosas que queremos disfrutar en la vida. Igual mi Sailor favorita es Sailor Jupìter.

STICKERS

El juntar stickers cuando uno era chico tenía varias formas de ser. Recuerdo que un tiempo tenía pegados en mi cama todos los stickers que venían en los chicles WON. Won pesao, Won tonto, etc. Era una colección, aunque en retrospectiva dejé mi cama terriblemente fea, porque igual cuando uno es un pequeño no tiene ese sentido de cuidar los enceres del hogar. Entonces le chantas un sticker a todo lo que se te cruza. Hoy en día pasa lo mismo, y puedes ver gente que no ha superado su infancia llenando sus computadores con pegatinas de empresas cool a las que han ido, stickers de ilustradores independientes que hicieron sus propias versiones de personajes con derechos de autor para ganar plata, o uno que otro mensaje como “Keep Calm and trata de sacar esta cuestión pegajosa sin estropear el carísimo Mac que te compraste”. Hoy en día las cosas que hacen mal para la vida no pueden traer stickers para seducir a los niños, por lo que los chicles won, los chupa-chups de spice girls o los plátanos, no pueden traer pegatinas. Una víctima más de la ley de etiquetado, pero todo sea por los niños.

TAZOS Y MONITOS DE LOS SUFLITOS

Quienes fueron afectados por la ley Super 8 fueron todos esos alimentos con sellos que traían vistosos premios dentro y nos obligaban a hacer una pataleta en el supermercado para que nuestros papás los compraran. La cajita feliz, los cereales, la colación, todo eso que comí cuando era un infante fueron elecciones que hice porque adentro venía un monito que quería coleccionar. Así que en una parte está bien, por otra parte es triste porque los niños de hoy en día no van a saber la alegría que era que te saliera el tazo bacán (Articuno) en los Chester que acabas de abrir. Los tazos tienen una larga tradición de ser embaucadores de muchachines, por lo que en la historia chilena nos hemos llenado los dedos de queso buscando entre las ramitas tazos de las películas de Disney, de Bob Esponja, de Pokemon, los Barcelocos de Super Mario, y hasta Donkey Kong tuvo unos tazos con Soprole. En esa época en que todo traía promociones, también me acuerdo que una vez Soprole sacó las “Mini-herramientitas” que eran básicamente herramientas pequeñas. Realmente fome, pero por alguna razón las junté todas. Otra colección bacán de los sufles eran los monitos de Los Picapiedra. Esa colección tuvo dos partes: los picapiedra fosforescentes y los picapiedra que cambiaban de color en el refri. Estos últimos eran una fomedad, pero los fosforecentes eran una verdadera locura.

KAPO, LOS MONITOS DE SAVORY Y LOS CEREALES

Toda persona que haya nacido antes de los 90’s más o menos, sabe que Zico limón es seco pal balón, se preparó y entró a la selección. En esos tiempos, Kapo se sacaba las tremendas promos. Una vez tenían los Kapo-chorros, que eran los personajes de Kapo pero transformados en pistolas de agua. Para uno que creció manguereándose en la calle por falta de piscina, tener un artículo tan cool como un Kapo-chorro con tan solo 3 esquinas de Kapo + 300 pesos era una oportunidad difícil de dejar pasar. Kapo también lo intentó con los tazos en una ocasión, pero nunca consiguió el éxito de las inmortales pistolitas de agua. Savory por otro lado también tuvo colecciones. Sacaron a la Pandilla Savory, que eran sus helados más emblemáticos convertidos en figuritas con caras y brazos. La pandilla Savory tuvo varios regresos, siendo, uno de los últimos, muy poco glamuroso: a $100 pesos en las ferias locales. Ojalá poder volver a ese tiempo y gastar sólo 100 pesitos en esos monicacos, porque si te baja la nostalgia, conseguirlos ahora en mercado libre seguro que vale como 5 lucas cada uno y cuando te llega a la casa abres la caja y es un jabón (¿?). Los cereales también son culpables de la obesidad en Chile y lo digo con conocimiento de causa porque nadie quería comprar Corn Flakes si no traían nada adentro. Era mejor comprar Chocapic, que venían con una replica del Perro Chocapic haciendo gracias de perro como andar en Skate. Si lo piensan, es loco que Chocapic eligiera a un perro para su mascota sabiendo que si los perros comen chocolate se mueren. Creo que el perro Chocapic es el verdadero ícono nihilista que merecíamos y no nos dimos cuenta.